En este número contamos con los cuentos de Mari Cruz Vilar y María Jesús Muñoz
Ilustración cabecera: Flavia Totoro «En un claro del bosque»
Pompas de Jabón
Creí que Dios me juzgaba desde todos los rincones, pero no desde los espacios abiertos. Creí que el Paraíso estaba encima de las nubes y, en un día celeste, con un telescopio lo descubriría. Creí que los Reyes Magos llegarían por el arenal de la granja. Creí que la abuela ocultaba un tesoro en el baúl, y en una noche de lluvia un pirata, con pata de palo, vendría a reclamarlo. Creí en las hadas y en el príncipe azul. Y que un rey tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día, un rebaño de elefantes y un gran manto de tisú. Creí que el viento hablaba, que la niebla podía tragarme y la oscuridad hacerme desaparecer. Creí en los paisajes exuberantes del centro de la Tierra, en el hombre de las nieves, en la inmensidad del mar y en Neptuno. Y en un barco fantasma que siempre oteaba Estambul. Creí en otro mundo al otro lado del espejo, y que los sueños eran otras vidas. Creí que el tiempo era oro escondido en un calendario infinito siempre por venir. Creí que los niños muertos eran ángeles, y que los muertos vuelven al mundo para hablar con los vivos del más acá. Creí en la amistad. Y en los extraterrestres. Y que la Luna era una mujer de mil caras que enamoraba a los poetas y se bañaba en el mar. Creí que las estrellas eran diosas guerreras. Creí en las sirenas, aunque nunca escuché su canto. Creí que muchos poemas estaban escritos sólo para mí. Creí que nunca fui inocente.
Creí que sería escritora.
María Cruz Vilar

María Cruz Vilar
Nací en Madrid y aquí sigo, ahora ejerciendo lo que siempre he querido ser: escritora por cuenta propia en lugar de la chupatintas que siempre fui. Me licencié en Sociología y Políticas cuando en este País eso era una carrera muy rara y sin salida, muy propia de mí, al igual que la adicción a la escritura: “por puro amor al arte de sentirme viva”. Después de diez libros publicados y un cajón de sueños pidiendo salir, puedo decir que SOY ESCRITORA.

El reflejo
Aquel otoño llegó inundando acequias y desbordando ríos. Resoplando con los mofletes a reventar ¡ya estoy aquí!. Los arboles, asustados, perdían las hojas que se amontonaban por los rincones junto a las últimas uvas. Los perros buscaban refugio al calor del bosque en llamas y se sacudían el barro en las alfombras. Los habitantes, como las lagartijas, permanecían en las paredes inmutables.
La primigenia estaba encantada. El sol dormía tras las nubes gordas y no hacía calor. Era el tiempo de los largos paseos con el caballo del collar de flores.
Rodeando el lago se llegaba a un camino boscoso y por ahí a las fuentes. Una tarde, en uno de esos largos paseos, mientras el caballo abrevaba, conoció a un reflejo en el agua. Lo invitó a subir a la grupa y secarse en la casa. Era un hombre desnudo con pequeñas alas de libélula, larga barba y poca carne. Sabía que volaría pronto. Aún así, quiso oír su voz y su compañía. Le ofreció quedarse con ella a cambio de que atendiera el jardín y le contara historias. Que compartiera palabras y música, y velas en el porche al anochecer. Llegaron a ser grandes amigos. Pero a un cupido ciego se le escapó una flecha que rozó sus alas y a la pantera negra. Y, se fue. Se fue tras ella siguiéndole el rastro hasta las tierras del sur. La pantera no se despidió, pero le dejó un rugido de amor y su pistola.
María Jesús Muñoz

María Jesús Muñoz
Autodidacta. Ex directora creativa y ex directora de producción cinematográfica. Cuentista de toda la vida. Enamorada de la pintura, la escultura, la literatura, la ópera y el flamenco. Solitaria y final. He publicado relatos en diversas antología y dos libros: Guindillas rojas sobre telar de seda y Casa de fieras. Soy anormal.






















