Fanzine Nubosidad Variable 8

por | Jun 11, 2026 | Fanzine Nubosidad Variable

Nubosidad Variable FANCINE 8

En el número 8 de Nubosidad Variable, contamos con los textos de las escritoras Paty Liñán y Albertina Oria de Rueda. La ilustración de portada es de Victoria Cienfuegos.

Dormir es distraerse del mundo

 J.L. Borges

 

 

Cuando cantabas

Reconóceme,

entre las cruces fecundas, entre la cerrazón de los colores,

reconóceme, ante la flora del cementerio, los anagramas

centenarios, las cerillas en el lindero del metaverso,

héroes en los acordes del desván.

 

Abrázame en tu hoguera de huesos, en la vigilia del jardín,

en el curso de las fuentes que presiden los arcángeles.

 

Abrásame, en las dóciles bocanadas,

en el ceniciento afónico musgo, esferas de pólvora,

en exhumadas edades enmarcadas

en la penuria del laberinto, en la lengua exiliada inmóvil,

en la miserable ausencia de besos,

alegorías de las esperanzas,

bárbaras rosas que tiñen de azul,

despertares hambrientos de nuevas batallas,

glaciares de hojas yertas,

de hermosos manantiales de pálida agua.

 

¿Dónde despierta la máscara de las pirámides enjauladas?

¿Dónde el deseo de las carátulas de los árboles prometidos?

 

Cuando cantabas en los desérticos matices del vacío,

un tinte rosáceo esculpió en la niebla,

en los albores del crepúsculo.

Entonces fue cuando los extraños moradores

penetraron en tu ser,

cuando empaparon las jaulas de falsas fábulas,

el deseo fue incierto,

las víboras controlaron las brújulas y el relámpago,

el nido como un látigo,

una cripta en letanías, muestrario de arcillas,

la demencia del éxtasis.

 

No llega hasta ti la brisa.

 

Y al despertar creí ser nube engarzada a tus anillos.

Y no hallé cadenas que de mi pelo tiraran.

 

Apenas un rugido despertó, el fuego, el aliento furtivo

entre los espejismos, entre la oscilación del tiempo

en la boca y el testimonial soplo que aspiran las sombras.

No dejó nada en tu jardín,

ni una migaja de lo que fue la maleza.

Entonces tu pequeño e inmóvil rostro

talló el presagio en tu garganta,

de par en par las puertas de la necrópolis,

los cajones leprosos,

ajados dibujos sobre la respiración.

 

A veces, llego a oír de nuevo la melodía

entre los cipreses.

Al filo de los vidrios enlutados

retumban los compases desordenados,

el mástil náufrago, la endecha bajo tu ventana,

su ramo de amarillos tulipanes, desborda trazos,

destrozando el refugio.

 

¿Cuánto quedó de tu piel roída, de mi boca callada,

mientras tu quebrado cuerpo moría?

Paty Liñán

 

 

Paty Liñan

Paty Liñán

Paty Liñán es poeta, locutora, escritora.
Miembro de varias asociaciones como: (AEM) asociación de escritores de Madrid y (ACE) asociación colegial de escritores de España. Ha colaborado en varias revistas.

Tiene publicados tres poemarios, el último titulado (r)Evolución, publicado en la editorial Sial Pigmalión y ha participado en varias antologías.
También en festivales, recitales y ferias.

Es coordinadora en la editorial Sial Pigmalión del ciclo mensual Poesía con Paty.

 

 

Mi afición por el callejeo madrileño comenzó con cuatro años y dos trenzas pajizas

Una tarde primaveral salí con mis padres por las calles del barrio de Salamanca, contenta como unas castañuelas. Llegamos a una tienda con entrada central y escaparates laterales donde había trajes oscuros. Era una sastrería para hombres. La moqueta del suelo en tonos granates y azules, paredes forradas en madera, barandillas. Comencé a deambular por entre los maniquíes con trajes a medio hacer, pespunteados de blanco o pintados con azulete. Telas oscuras. El señor de la tienda, el sastre, con un metro al cuello, recitaba palabras y largas listas de paños con nombres irreconocibles. La tenue iluminación confería un aspecto sombrío al ambiente. Mi padre, en mangas de camisa, se dejaba hacer mientras el hombre con las gafas, caídas sobre la nariz, le ponía la cinta métrica alrededor de la cintura. Después desde la cintura al zapato, desde el hombro a la cintura. Doble el brazo por favor y la serpiente amarilla avanzaba por el codo doblado hacia la muñeca. Tomaba notas en una libreta con concentración y pulcritud. Y se paró la vida y se hizo eterna y un gran aburrimiento se abatió sobre mi existencia. En el espejo de pie miré mi vestido de pana verde, con dos bolsillos de lazo, donde encajaban mis manos y los ojos, y me reconocí. Correteé por la tienda hasta vislumbrar la puerta abierta que anunciaba la claridad del cielo. Salí y anduve despreocupada mirando a los lados. Una señora gorda y desconocida se lanzó hacia mí con la cara arrugada, la boca abierta en círculo y los brazos extendidos. No me gustó nada, quise esquivarla, pero me agarró como a un conejo. Preguntó por mis padres, cómo si yo supiera dónde estaban. En ese momento me sentí sola, tuve miedo y me puse a llorar, más bien a berrear. Tranquila pequeña, escuché su voz aflautada. No quería mirar a la mujer desconocida porque me recordaba a las brujas. Su cabeza de pelos de escarola rubia, labios rojos, un lunar negro y unas manos que se cerraban sobre mi cuerpo. El tiempo se paró y me sentía presa de un destino espantoso hasta que vi aparecer a mi padre corriendo, sin resuello. Pobre pequeña que se ha perdido, gracias, señora. Me agarré a su pierna y escondí la cara para no mirar a la captora. Papá, esta es la madrastra de Blancanieves. Desde entonces califico a la gente a primera vista. Mis padres me miraban con un amor desmedido, como si hubiéramos estado separados una semana, al menos. No seguimos de tiendas, quizá regresamos paseando a casa tras entrar en la pastelería Martínez, de la calle Lista, a tomar un merengue rosa. La dueña, de bata blanca, era muy cariñosa y siempre me daba un caramelo de violeta. Era como Cenicienta, buena y sosa. Notaba la mano de mi padre cerrada con más fuerza de lo normal. Y esa seguridad me permitía observar el barrio y reconocer el camino de regreso. Quería retener el plano de situación de mi hogar para poder iniciar el infinito viajar por mi ciudad. Camino de regreso con los ojos cerrados, ese volver a la infancia.

Albertina Oria de Rueda Salguero

 

 

Albertina Oria_@Isabel Wagemann

Albertina Oria de Rueda Salguero (Haro, La Rioja)

Vive en Madrid. Abogada, farmacéutica y Máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense.

Ha cursado interpretación y teatro en La Cuarta Pared, Sala Malasaña y AZarte. Es autora de Camino Madrid (Huerga & Fierro, 2023). Ha publicado cuentos en distintas antologías.

Pertenece a diversas asociaciones de escritorxs y culturales. Ha viajado por 39 paises.

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