Nuvosidad Variable FANCINE 5

En este número, homenajeamos a Virgina Woolf*, con un cuento de Mercedes L. Caballero.

 

Ilustración cabecera: Lydia Puertas

La piedra

Desde hace décadas vivo en el fondo del río Ouse, allí hay poco lugar para la sorpresa y la experiencia me indica que la felicidad habita en el aburrimiento, pero ha habido excepciones.

Un frío jueves de finales de marzo, tres muchachos revolvían el agua, alborotaban con ese acento pulcro del condado de Sussex. En un arrebato de osadía adolescente, se retaron a introducirse en las aguas, aun gélidas, y el desafió acabó en juego. El pelirrojo tiraba un objeto y los otros dos se sumergían y peleaban por cogerlo.

Miré la operación desde el fondo, inquieta, extrañada por el revoloteo, la distorsión. Lo había visto hacer antes a los perros que atendían los juegos de sus dueños.

En mitad del bullicio, apareció de manera tímida otra sombra más alargada, de mujer descubierta, se paró a mirar la escena desde la orilla como si ahogara un chasquido de asombro y se dio la vuelta.

En una de las zambullidas, la mano de un muchacho dio conmigo y me levantó ligeramente para coger la pieza que había quedado atrapada entre mi cuerpo y el fondo.

Poco después, el chico emergió y me sacó.

Le costó lo suyo, uno puede cogerme con una mano si quiere, pero con mucho esfuerzo para poder sostenerme.

Me acarició un par de veces para despejarme las algas y a continuación me lanzó a una de las orillas. Quedé atrapada entre dos piedras algo mayores y a una de ellas le partí la esquina con el impacto.

Al día siguiente reconocí a aquella mujer lánguida que se acercaba de nuevo a la orilla encrespada, el río amaneció con fuertes corrientes. La soledad del lugar debió animarla a quedarse, dio un par de vueltas cerca de mí, se agachó y cogió a unas cuantas compañeras que depositó en los bolsillos amplios de su abrigo. Intentó coger la piedra a la que rompí la esquina, pero no pudo levantarla, de modo que rozó sus dedos conmigo y me eligió con cierta prisa. Noté algo conocido en su tacto y quedé teñida de negro, entonces sentí el gesto áspero de la tinta seca, expandida de nuevo al contacto con la humedad. En otra época serví de pisapapeles en el escritorio de una calígrafa.

La mano me alzó hasta la altura de la cadera de aquel cuerpo que percibí huesudo y me introdujo en el bolsillo derecho. Comencé a notar cierto balanceo; unos segundos después pude notar el frío del agua que empapaba el abrigo a paso lento por el caudal.

Me agarró con fuerza, creo que intentaba alzarme, tal vez sacarme de allí y le resultaba del todo imposible. Intenté ayudar y giré sobre mí misma, pero el agua empujaba con furia, el fondo y la potencia de la corriente nos aprisionaba. Sus dedos comenzaron a aflojar y al poco rato y sin pretenderlo, me deslicé del bolsillo y empecé a caer con rapidez.

Miré hacia arriba, vi aquel cuerpo largo que se desmoronaba despacio a unos centímetros por encima de mí, retorcido sobre una coreografía de aspavientos y desesperación que dio paso a la dócil rendición de cualquier desenlace inevitable.

El cuerpo quedó tumbado en el suelo con los brazos en cruz y un gesto de angustia sometida en la cara.

Aquella mujer y yo vivimos juntas en el fondo del río cerca de tres semanas. Fui testigo de las últimas huellas de tinta en sus dedos, de la metamorfosis de su abrigo y de su rostro, inventé historias sobre ella y estreché lazos construidos en el desamparo.

Y un día la encontraron.

Pensé en asirme a una de las botas que me quedaba cerca y salir con ella, luego comprendí que sería un esfuerzo inútil, me devolverían al fondo del río o a la orilla, en cuanto notaran mi presencia. Me quedé quieta, atenta a la escena y escuché cómo alguien, de aquel grupo de rescatadores, reconocía el cuerpo de la señora Woolf.

Mercedes L. Caballero

 

 

 

Mercedesl.Caballero

Mercedes L. Caballero

Periodista y escritora.
Dedicada a la comunicación cultural desarrolla su labor periodística desde la información y la crítica de danza en el diario El País y la Revista Godot. Formada también en escritura de ficción, ha realizado cursos y talleres sobre feminismo, relato y poesía con Sonia Aldama y Eloy Tizón. En 2021 publicó el poemario Al final de las letras (Ménades Editorial). En la actualidad sigue escribiendo lo que será un libro enmarcado en la ficción y la prosa.

 

 

 

 *Virginia Woolf (Londres, 1882–1941) fue una de las escritoras más influyentes de la literatura moderna. Novelista, ensayista y editora, es una figura central del modernismo anglosajón y del llamado Grupo de Bloomsbury. Su obra renovó profundamente la narrativa del siglo XX mediante el uso del monólogo interior, la fragmentación temporal y la exploración de la conciencia.

 

 

 

 

 

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